Decálogo de los malos hábitos alimenticios

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Decálogo de los malos hábitos alimenticios

 

Las nutricionistas de Clinica CINCE nos presentan las “reglas de oro” para alimentarse apropiadamente y evitar los errores más comunes. Entérate a continuación:

 

1.- No desayunar: 

Es una muy mala costumbre omitir el desayuno. ¿Por qué? Porque conlleva sensación de cansancio, cefalea, menor rendimiento y capacidad de atención. El desayuno repone nutrientes y energía necesarios para comenzar un nuevo día y contribuye a prevenir la obesidad ya que cuando se salta esta comida, se corre el riesgo de comer mal el resto del día y elegir alimentos con alto contenido de grasas y/o azúcares.
Estudios recientes demostraron que los niños que desayunan responden mejor a pruebas cognitivas de atención, memoria, asociación de palabras y ejercicios de resistencia física, que los que no lo hacen.

 

 

2.- Comer poco pescado:
El pescado aporta nutrientes beneficiosos para la salud como vitaminas, minerales, proteínas de excelente calidad y ácidos grasos esenciales. Sus ácidos grasos omega-3 actúan aumentando las defensas, disminuyen los procesos inflamatorios, incrementan la fluidez de la sangre, reducen los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre; por eso protegen de las enfermedades cardio y cerebrovasculares. Lo ideal es consumir por lo menos una vez a la semana y puede ser preparado al horno, parrilla, plancha o al vapor. También se puede acudir al enlatado preferentemente en agua.

 

 

3.- Comer legumbres solo en invierno:

Estamos acostumbrados a comer legumbres (lentejas, porotos, garbanzos) particularmente cuando hace frío. Si bien constituyen un alimento energético por su alto contenido de hidratos de carbono, conviene consumirlas durante todo el año. ¿Por qué? Porque son una buena fuente de proteínas, fibra, vitaminas y minerales.
Atención mujeres de 50 que comienzan la menopausia: su contenido en fitoestrógenos (isoflavonas) alivian los síntomas típicos y protegen contra el debilitamiento óseo.

 

 

4.- Consumir cereales refinados en lugar de las versiones integrales:
Por lo general comemos pan o arroz blanco en lugar de las versiones integrales. Las harinas integrales tienen un alto contenido de fibra y fitoquímicos que contribuyen a prevenir enfermedades como la diabetes, ciertos tipos de cáncer y las cardiopatías.

El mayor valor nutritivo de las versiones integrales deriva de la conservación de la mayor parte de las vitaminas y los minerales que, en las versiones refinadas, una gran proporción se suele perderse durante el proceso de elaboración.

5.- Evitar el consumo de aceites vegetales:

Las grasas saturadas consumidas en exceso, aumentan el riesgo de padecer enfermedades. En cambio, los aceites vegetales consumidos crudos poseen una alta proporción de grasas insaturadas – beneficiosas para la salud-, no contienen colesterol y son una de las fuentes alimentarias más importantes de vitamina E, la cual posee un alto poder antioxidante; ayudando a combatir a los radicales libres.

 

6.- No consumir variedad de frutas y verduras: 

Las verduras y frutas frescas, de todos lo colores, son fuente de vitaminas antioxidantes, ácido fólico (especialmente las hortalizas de color verde oscuro), minerales, fibra y fitoquímicos. Consumir, como mínimo, cinco porciones de hortalizas y frutas variadas, a diario ayuda a prevenir enfermedades crónicas como el cáncer, la obesidad, la diabetes, la hipertensión arterial y los problemas cardíacos, el colesterol alto en sangre, la osteoporosis, el estreñimiento y la diverticulosis.

7.- Creer que los productos “light” o “diet” no engordan:

Conviene leer cuidadosamente las etiquetas para verificar qué tipo de modificación sufrió ese alimento y comparar entre diferentes marcas y con el producto común. Una cosa más: ser lo más sobrio posible en cuanto al tamaño de la porción.

8.- Poner demasiada sal a la comida:

Es tanta la gente que, antes de probar el primer bocado, ya tiene el salero en la mano… y es una mala costumbre. El exceso de sal incrementa el riesgo de padecer hipertensión arterial, enfermedad cardíaca y accidente cerebro vascular (ACV). La clave está en la moderación y en utilizar estrategias para reducir su consumo: usar de especias, hierbas aromáticas, ajo, cebolla, vinagre, aceto balsámico y jugo de limón. El sodio (componente de la sal de mesa) se encuentra en numerosos productos debido a que se lo utiliza como conservante, por eso conviene optar por los alimentos naturales sin procesar, que lo contienen en mínimas cantidades.

9.- Dormir poco:

Existen estudios que demuestran que dormir menos de 7-8 hrs diarias, afecta el metabolismo y produce una mayor acumulación de grasas, alterando el estado anímico y nutricional, generando mayor predisposición a la obesidad.

 

10.- Mantener desórden de horarios al alimentarse: 

Es fundamental conservar un período de 3 – 4 hrs entre cada comida, para favorecer la correcta asimilación de nutrientes y el metabolismo.

 

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